María Félix, de México y el mundo

El gran mito del cine mexicano amó y se dejó querer hasta el final de su vida a los 88 años.
María Félix.
LA VANGUARDIA.
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«Señorita, le gustaría hacer cine…?», le pregunta un director al cruzarla en la calle rumbo a su trabajo de secretaria. «¿Y quién le dijo que yo quiero entrar en el cine? Si me da la gana, lo haré, pero cuando yo quiera, y será por la puerta grande». Solo una muchacha tan bella como fuerte, pudo dar una respuesta tan arrogante en aquel México de los años 40, en que todas las chicas soñaban con una oportunidad así.

Atraído aún más por su personalidad, el director averiguó que la chica «indomable» era recepcionista en un consultorio de cirugía estética y pidió un turno. Llegó a la consulta diciendo que quería «arreglarse la nariz» y el cirujano, mintiéndole, afirmó: «Hago las mejores narices, si no, fíjese en mi secretaria».

Ella tenía una nariz perfecta, claro que nunca se había operado. Tampoco lo hizo el director, que sí logró que ella diera una prueba. En su primera película, la chica de la respuesta irreverente en aquella esquina, se convertía en el monstruo sagrado del cine mexicano y nacía para el mundo el mito María Félix.

María Félix, María Bonita de México

La primera pasión en la vida de María Félix fue Pablo, un hermano mayor. Fue su compañera de aventuras, su compinche y objeto de una devoción y admiración casi desmedida. Los padres, al advertir este «sentimiento inusual» y temiendo que desembocara en una relación incestuosa, decidieron enviar al chico a un colegio militar. María tomó la noticia con desesperación. Al poco tiempo, Pablo moría en un hecho nunca aclarado, pero con más tinte a suicidio que a accidente.

A los 16 y siendo definitivamente un espíritu libre, decide casarse con un vendedor de cosméticos como único medio de escapar de la tiranía impuesta en su hogar. «Muchas pierden la libertad al casarse, yo me casé para ganar la libertad». De ese matrimonio nació su único hijo, Enrique Álvarez Félix. La juventud y la inexperiencia los llevó a un pronto divorcio. Su exmarido se lleva al niño por un fin de semana y lo secuestra. María no vería a su hijo en los próximos siete años.

«Luna que se quiebra, sobre las tinieblas…». María, aún adolescente, escucha un programa de boleros por la noche y le comenta a una hermana: «Un día me voy a casar con ese señor que canta tan bonito». Años después, declara en un reportaje: «No veo por qué dicen que Agustín Lara no es guapo. Tiene una voz maravillosa y compone muy lindas canciones, para mí eso es guapeza. Y a mí me va, porque tengo alma de mariachi».

El cantante y compositor era otro ícono mexicano. Apodado El Flaco de Oro, era el creador de «Granada» y boleros como «Noche de Ronda» y «Solamente una vez». Les bastó verse por primera vez en persona para que la pasión estallara y el «flaco feo» se convirtiera en el segundo marido de la mujer más deseada de México.

La canción «María Bonita», que él le compuso, se convertiría en un verdadero himno azteca. A pesar del acto de amor y coraje que tuvo al devolverle al hijo raptado, la «comezón del séptimo año» golpeó duro a la famosa pareja. Complicada por los celos enfermizos de su marido, María Félix acepta su primer protagónico en España.

Los más bellos

Luego vino la boda entre la mujer más bella y el charro más guapo, Jorge Negrete, que se convierte en un acontecimiento nacional. Pero el impacto en la prensa tendría poco respiro. A los pocos meses de casados, mientras ella filmaba «La Bella Otero» en España y él estaba de gira en Los Ángeles, un llamado en mitad de la noche le avisa que Negrete está en coma en un hospital. Otra vez el dolor. Sin ser un bebedor, él muere de cirrosis. Pareciera que a «la mujer más hermosa del mundo» le está negada la felicidad.

A la hora de perder la cabeza por un hombre guapo, María Félix eligió al argentino Carlos Thompson. Pero, en un instante de soledad, tuvo la valentía de preguntarse: «¿Quiero realmente casarme con Thompson? ¿Es amor o es pura atracción física?». A poco de encontrar la respuesta, estaba en un avión rumbo a México.

Un día le pregunta a una amiga: «Dime, aquel hombre tan sólido, tan inteligente, con tanto humor… Alex Berger, ¿sigue casado?». ¡No!, le responde, e inmediatamente arma una comida con ellos. La atracción es mutua y María  se casa con Alex, en el que sería su último y más duradero matrimonio. Cuando llevaban 18 años, Alex enfermó y murió. Otra pérdida en la vida. Otra vez sola, pero a los setenta.

Un tiempo después conoció a Antoine Tzapoff, un artista plástico con tres ventajas inmejorables: guapo, talentoso y con 31 años menos. Diferencia que solamente a ellos no les importaba. Él la acompañó hasta el final de la vida y juntos compartieron una pasión común: la cultura de los indios en México.

El 8 de abril de 2002, el día en que cumplía 88 años, el corazón de aquella muchachita de Sonora, que rindió el mundo a sus pies, dejó de latir mientras dormía.

CalaBienestar.news by Ismael Cala

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