Laguna de Epecuén: misticismo, salud y naturaleza

Recargar energía positiva y sentirse mejor cada día en este lugar único de Argentina.
Laguna de Epecuén
ALEXANDRA BARRETO.
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La Laguna de Epecuén es misticismo, salud y naturaleza. He visitado Epecuén dos veces (a 540 kilómetros de la provincia de Buenos Aires), donde está situada la Laguna que lleva el mismo nombre. Tiene una magia que hace querer volver. Estar frente a ella hace permanecer en silencio, porque el escenario es una obra de Dios.

Para llegar, primero hay que pasar por Carhué, una ciudad acogedora, chica, linda, ordenada, donde la gente sonríe, saluda sin conocerte, no hay buses, ni semáforos. Los negocios cierran al medio día y retoman a las 17h, son fieles tradicionalistas de la siesta, como hábito de salud mental. Su nombre viene de la lengua Mapuche y significa «Lugar verde». Cuenta la leyenda popular que esa frondosidad desapareció cuando Epecuén, hija del jefe de la tribu, se enamoró del guerrero Carhué. Este enfermó y las lágrimas de la joven dieron forma a un extenso lago que la ahogaron a ella misma y lo revivieron a él. Por eso el pueblo lleva el nombre de la mujer y la capital del partido bonaerense, el del hombre.

Epecuén en la década del 40 era un destino turístico internacional para europeos y argentinos. Se construyeron lujosos hoteles, confiterías, pizzerías y una movida interminable de distracción, pero en noviembre de 1985, después de constantes precipitaciones, la fuerza del agua rebasó el muro de contención que la separaba del pueblo y este quedó sumergido, bajo 10 metros, hasta pasada la década de los 90.

Pero una de las características de la gente que vivía en este sector es que a pesar de la adversidad, no arruinaron sus vidas con la depresión. Puede que muchos se dejaron llevar, no digo lo contrario, pero casi todos resurgieron, se trasladaron en su mayoría a Carhué y empezaron de cero. Así repuntó la infraestructura turística pensada para el disfrute, cuidado la salud mental y física. Es por ello que en 2014 fue declarado Capital Provincial del Turismo Termal y Séptimo destino más votado por los argentinos.

Laguna de Epecuén: Récord Guinnes

En enero de 2017, cerca de 2000 personas flotaron sin salvavidas unidas de las manos y de esa forma lograron batir el Récord Guinnes que estaba en manos de Taiwán desde 2014 (634  personas flotaron en el lago Sun Moon en Taiwán, pero con flotadores).

En invierno ocurre un espectáculo único y que no pueden perderse, la llamada ‘nieve salada’, a partir de que el sulfato de sodio presente en el agua, en combinación con las bajas temperaturas de la época, producen cristales de sal que cubren el suelo de la Costa Este del lago y se adhieren a las ruinas de lo que fue la ciudad.

El panorama de la laguna ofrece un sinnúmero de postales para los amantes de la fotografía y de la aventura, árboles secos y de color blanco por la sal, variedades de pájaros, el sonido de las aves. Contemplar el agua, en el fondo yace un barro que también es medicinal. El clima es seco, por lo que en verano o en invierno, es más que agradable. Desde Carhué se puede ir en bicicleta, auto, a pie o corriendo. Todo vale, porque lo que más importa es llegar y a la vez conocer las famosas ruinas de la ciudad. Un sitio devastado, en mi caso no produjo tristeza, más bien nostalgia y admiración de que hayan quedado esos vestigios que no son frágiles a la memoria.

Para ingresar a las ruinas, se paga una entrada de 200 pesos (USD 2). No es necesario depender de una guía. Con un mapa que proporcionan al ingreso, uno va conociendo, caminando  de punta a punta. Reposan lo que fueron viviendas, residenciales, hoteles, comercios, en ruinas, el Matadero Municipal, obra Art Deco del arquitecto Francisco Salamone.  No todas las construcciones se lograron mantener en pie. Hay desolación, pero también en medio de todo, está la laguna, como la oleada fresca de positivismo. Por sobre cada construcción hay carteles que explican la historia de cada rincón. Objetos en el piso, botellas, toboganes, ladrillos, azulejos de la época. Hay que andar despacio, con cuidado, pero sin temor alguno.

Epecuén ofrece también la llamada ‘Playa Eco Sustentable’, en la mejor parte del Lago, con energía solar y materiales reciclados; el balneario ecológico permite flotar en sus aguas mientras se contempla el mejor atardecer. Esta playa tiene una bomba solar sumergible para extraer agua, paneles solares, baterías recargables solares, luminarias solares de calle. Luego del Mar Muerto,  se halla el lago Epecuén. Actualmente por cada litro de agua hay 280 gramos de sal, el mar solo tiene 25 gramos. La experiencia de estar flotando en el medio de la pampa es una sensación única.

El complejo además ofrece sombrillas, alquiler de kayak, estacionamiento libre, duchas, está abierta de 8 a 22 horas. El cielo ofrece un espectáculo donde las nubes se envuelven en unos colores: sepia, naranja y el amanecer y atardecer, proliferan los flamencos con su plumaje color rosa. Recargar energía positiva, sentirse mejor cada día es lo que logra la laguna de Epecuén, un lugar que tiene una mezcla de misticismo, salud, naturaleza y buena vida.

CalaBienestar.news by Ismael Cala

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